La seguridad social de los superhéroes

He tenido un pequeño pero curioso intercambio de correos electrónicos con una librería virtual. Curioso porque he tenido que demostrar que yo soy yo, y por tanto el titular de un libro mío que, libre de derechos, estoy a punto de poner a la venta en ebook.

Vaya por delante que la librería ha obrado como debiera. Para aquellos que no lo saben, León Arsenal no es mi nombre de pila (pila bautismal, lo cual no quiere decir que no sea mi nombre real. Es tan real mi alias de escritor como mi nombre de bautizo). Pero, como es lógico, si un señor sube el libro de en apariencia otro señor y pretende cobrar por ello, lo que hace un comerciante responsable es cercionarse de que hay alguna razón legítima para esa disparidad.

Satisfecho el trámite, el libro ha seguido su proceso y saldrá a la venta en unas horas, si no surge un incidente nuevo. Pero me he quedado con la copla, porque no me digan que no es curioso el suceso. Más porque en parte he podido demostrar que yo soy yo gracias a elementos que en el pasado lograron enfurecerme.

¿Cuáles? Pues por ejemplo la wikipedia. En el pasado, en algún momento, pusieron en la entrada correspondiente mi nombre de pila –insisto, León Arsenal es tan nombre real como el de pila o el apodo con el que me llaman todavía mis amigos de la juventud- y eso logró cabrearme. Me parecía una intromisión en la intimidad y de hecho a través de un amigo logré que se eliminase por un tiempo, justo invocando el derecho a la intimidad. Después volvió a aparecer porque el nombre de pila estaba referenciado en algunos periódicos y por tanto ya no podía acogerme yo a tal derecho.

Y mira por donde que esté ahí me ha venido –además de otros elementos- más que bien para probar el vínculo entre mi alias de escritor y mi nombre de pila. Y de ahí el título de la entrada. Así se explica uno que los superhéroes no estén en la seguridad social. Supongo que tampoco cobrarán pensión, al menos pensión de superhéroe. Y eso no está bien. Porque, después de todo, uno puede presentarse, por ejemplo, a elecciones políticas con su alias.

Sí, no se asombren. Yo mismo lo he hecho. Ese derecho a usar alias, sobrenombres y variantes en elecciones políticas en España es un resabio de nuestro pasado. De que durante años hubo gente en la clandestinidad –en tiempos de la dictadura del general Franco, claro- usando nombres falsos por seguridad. Por eso, una vez llegada la Democracia, se permitió concurrir a elecciones con los nombres por los que eran esos veteranos conocidos por sus conmilitones. O al menos, esa es la explicación que me dieron.

Pero no desvariemos. Quería contarles la anécdota y ya lo he hecho. Y de paso, siguiendo las normas más básica de lo que ahora se llama Social Media, he aprovechado para dejar caer de forma nada agresiva que estoy a punto de sacar un libro en ebook. ¿Cuál? En unas horas lo comento, si algún contratiempo técnico no lo retrasa.

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