La existencia de los monstruos y la flecha del tiempo

Siendo muy joven, aficionado a lecturas curiosas, cayó en mis manos un libro que hablaba de animales que podrían existir. Daba cuenta del Law y el Chipeckwe africanos, del felino listado de Australia, de la serpiente constrictora de más de cincuenta metros que un explorador dijo ver en la Amazonia a principios del siglo XX.

Se extendía, claro, sobre los monstruos marinos. Y narraba un episodio muy curioso que quedó consignado en las memorias de un marino inglés, también a comienzos del XX. Se lo cuento aquí de memoria.

Siendo todavía alumno, este hombre avistó una serpiente de mar. Serpiente de mar que, por la descripción que nos ha dejado, se parecería mucho al hipotético monstruo del lago Ness. Corpachón, joroba, cabeza pequeña al extremo de cuello muy largo.

Como era alumno –es decir, oficial en prácticas-, no estaba solo sino que acompañaba a un oficial veterano en la guardia. Los dos contemplaron asombrados al ser, que se cruzó por la proa y luego pasó por una de las bandas, hasta quedar atrás. Cuando le perdieron de vista, el relator le dijo al oficial veterano, y por tanto al mando:

-¿Qué hacemos?

-Nada –fue la respuesta.

-¿Cómo que nada? –El buen hombre, tan joven como yo cuando lo leí, le miró estupefacto-. Pero ¿no vamos a anotarlo en el cuaderno de bitácora?

-No.

-Pero ¿cómo que no? Pero si hemos visto un monstruo marino…

El veterano le miró con esa cara que se pone ante la insistencia enojosa de los novatos y le dijo algo así como:

-Chico. No vamos a anotar nada. No porque, aunque tú y yo hemos visto un monstruo, nadie nos creerá. Es más, si anotamos eso, nos echarán de la compañía por locos o por borrachos. No se anota nada en estos casos, nunca. Recuérdalo si, siendo oficial, vuelves a ver otro monstruo marino.

Curioso relato ¿verdad? Y parece que aquel piloto tenía razón. El comandante de un submarino alemán afirmaba haber disparado contra un monstruo marino durante la I Guerra Mundial. De nuevo el monstruo era muy semejante al del lago Ness. Sí lo consignó en su cuaderno de bitácora, como alemán meticuloso que era. Le destituyeron y degradaron. Esa fue su recompensa.

Años después, navegaba yo por el mar de Arabia en un petrolero rumbo a Dubai. Caso curioso, era también alumno en aquel entonces. Cierta noche, muy de madrugada, en la guardia del Primer Oficial, al que yo estaba adscrito, el mar a babor empezó a burbujear en una extensión considerable. Varios metros. Salimos al alerón. Ese burbujeo además se movía. Se movía en la misma dirección del barco. Eso nos permitió contemplarlo varios minutos, hasta que lo dejamos atrás.

Le pregunté al primer oficial qué podía ser eso. La respuesta fue.

-No, sé. Lo mismo hasta un monstruo. En el mar se ven muchas cosas raras.

Entendamos aquí por monstruo alguna bestia acuática muy grande, que las hay. El caso es que ahí quedó el incidente.

Pienso en ello ahora. De haber ocurrido ahora, aquellos marinos se habrían convertido en celebridades dando publicidad a lo que vieron. Habrían tenido el Smartphone a mano. También nosotros allá en el mar de Arabia. Habríamos filmado aquellos prodigios. Lo habríamos colgado en Youtube y obtenido cientos de miles de visitas. De ser avispados, algún dinero le habríamos sacado. Otros a su vez conseguirían notoriedad dándonos cancha en programas de dudoso rigor científico o, por la contra, denostándonos y llamándonos farsantes…

En fin. Que no sé si existen esos monstruos, pero sí que los tiempos están cambiando… aunque quizá no tanto.

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