De Ven a mi pecho, alma sorda y cruel, de Baudelaire.

Sepultar mi cabeza dolorida
En tu falda colmada de perfume
Y aspirar como flor ajada
El aroma de mi amor apagado.
¡Quiero dormir! ¡Dormir y no vivir!
En un sueño como la muerte, dulce,
Estamparé sin descanso mis besos
Por tu cuerpo bruñido como el cobre.

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Un comentario en “De Ven a mi pecho, alma sorda y cruel, de Baudelaire.

  1. Cuentan de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba, que sólo se sustentaba de unas hierbas que cogía. ¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo?; y cuando el rostro volvió halló la respuesta, viendo que otro sabio iba cogiendo las hierbas que él arrojó. Quejoso de mi fortuna yo en este mundo vivía, y cuando entre mí decía: ¿habrá otra persona alguna de suerte más importuna? Piadoso me has respondido. Pues, volviendo a mi sentido, hallo que las penas mías, para hacerlas tú alegrías, las hubieras recogido.

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