Palomas…

Volvía ahora a casa y me cagó encima una paloma. No me ocurría eso desde los ya lejanos años 80. Me sucedió en aquella ocasión mientras caminaba con una chica por los Cantones, en La Coruña. Que te cague una paloma es cualquier cosa menos romántico, desde luego. Pero lo cierto es que, mientras trataba de limpiar la manga de la cazadora con un pañuelo de papel, a los dos nos dio la risa. Y la risa, desde luego, es una llave maestra que abre casi todas las puertas…

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