La ley de la frontera

Soy de los que regularmente revisa en el google a ver dónde aparezco, qué comentarios pueda haber sobre alguna novela mía, etc. Y, regulamente, me encuentro con que alguien ha colgado en su página o blog algún relato mío, o bien cedido en su momento a una web concreta o bien picado gracias a su brevedad (es el caso de Todas las noches, que nunca cedí a ninguna web, pero que solo mide trescientas y poco palabras).

            Como los que hacen esto muchas veces ponen sus datos y en no pocas ocasiones son personas que se ve establecidas y, en algunos casos, incluso pertenecientes a la función pública, he de llegar a la conclusión de que obran por ignorancia. Deben creer de buena fe que si algo ha sido publicado en una página web ellos pueden hacer lo propio. No es así, realmente. Pero me he abstenido de mandarles ningún mensaje por una sola razón. Intenet es un territorio nuevo y las viejas normas no siempre son de aplicación en las zonas vírgenes. Lo nuevo crea sus propias regulaciones y a veces pueden chocarnos pero, mientras no sean en exceso lesivas, quizá convenga respetarlas. Si la gente, por el uso, ha consagrado que algo colgado en un sitio puede ser repetido, no seré yo quien vaya contra ellos, mientras no se produzcan abusos. Es bueno (y prudente) respetar las costumbres de cada lugar al que uno vaya, aunque tal lugar sea virtual, como es el caso de la Red.

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