Anillos de oro

Durante cierto tiempo, llevé un anillo de oro en el pulgar de la mano derecha. Era la alianza de mi abuelo materno, que murió con 98 años. Él, como es lógico, lucía ese anillo en el anular de la izquierda, así que imaginen que manazas tenía. Esa alianza de oro tiene toda una historia detrás. La adquirió mi abuelo allá por 1920, cuando, por quintas, le tocó ir a la guerra de África. Así que mi abuelo compró una alianza de oro a un buhonero, como prenda para casarse con mi abuela cuando volviese de la guerra, si es que volvía. Su pueblo no era lo suficientemente grande como para tener una joyería y el anillo no era tampoco de oro, oro. Es un núcleo de algún otro metal, con revestimiento de oro; y digo revestimiento y no simple baño, eso seguro. Le costó un duro de los de entonces y supongo que era lo máximo que se podía permitir un joven campesino de la época.

            Esa es parte de la historia de esa alianza. Cuando enterramos a mi abuelo, el anillo quedó por casa y, como a mí me gustaba la historia y era una reliquia familiar, opté por llevarlo encima. Me lo puse en el dedo en el que encajaba sin quedar holgado; o sea, el pulgar. Años después, me lo quité y lo dejé guardado. Estos días he tratado de recordar por qué me lo quité y creo que fue porque hice un viaje a Argentina y no quise llevarlo conmigo, por si lo perdía o pasaba algo. Después de todo, no deja de ser un recuerdo de familia. A la vuelta, ya no lo devolví al pulgar.

            Lo hice tiempo después y por motivos bien distintos. Lo usé para lo que se usan los anillos cuando no son simples adornos: como símbolo y recordatorio. De qué, no voy a contarlo. El caso es que ha estado en mi pulgar cerca de nueve meses pero, cosa curiosa, de repente ha perdido parte del revestimiento de oro en la parte interior. Estuvo en las manos de un hombre que siempre se dedicó al trabajo físico, durante más de tres cuartos de siglo, y luego en las mías, y justo comenzó a dar señales de deterioro cuando lo empleé para simbolizar algo propio.

            En algunas cosas, soy un poco supersticioso. ¿Y si fuera un signo? Después de todo, los anillos de oro, máxime si son alianzas, significan siempre algo. Y ese anillo representaba la relación de mi abuelo con mi abuela, y quizá no sea bueno emplearlo para señalar ninguna otra cosa. Cada anillo de oro ha de representar aquello para lo que fue elegido y nada más. Así que he vuelto a guardar la alianza de mi abuelo y en su lugar he comprado un anillo de oro, uno nuevo, propio, y me lo he colocado también en otro dedo; en el meñique derecho, justamente. Ahí se quedará, significando algo muy personal e intransferible.

            No tengo hijos, pero tal vez ese anillo lo herede alguien. Si es así, puede que le diga lo que significa o puede que no. En todo caso, ya le dejaré advertido que puede usarlo como adorno o como recuerdo, pero no para simbolizar nada, porque ese anillo ya simboliza algo. Y no se pueden acumular varios significados, sobre todo de varias personas, en un mismo anillo de oro.

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